Enero, Cruel Enero.

Enero, Cruel Enero.

Comadre… hoy vengo sin poses, sin discursos bonitos y sin venderte la idea de que “todo está bien”.
Enero ha sido un mes caótico en exceso. De esos que te sacuden, te revuelcan y luego te dejan sentada en el piso preguntándote: ¿qué chingados acaba de pasar?

Honestamente, yo pensé que 2026 iba a ser mi año. Así, clarito. Yo ya me veía fluyendo, creando, disfrutando. Y no, bruja… la verdad es que este inicio me ha dado una arrastrada horrible. Emocional, energética, mental. De esas que no se quitan durmiendo ocho horas ni con un cafecito bonito. Y te lo digo así porque sé que no estoy sola. Sé que tú también lo has sentido. Esto no es individual, es colectivo. Hay algo pesado en el ambiente, como si el año hubiera arrancado sin pedir permiso, empujándonos a soltar cosas que todavía no queríamos soltar.

Desde lo mágico, enero viene cargado de energía de reajuste brutal. No es un mes suave: es un mes de limpieza forzada. Los ciclos viejos están cayéndose a pedazos, los sistemas que ya no sostienen se están rompiendo y nuestras emociones están saliendo a la superficie sin filtro. Por eso el cansancio, la confusión, el enojo sin causa clara, las ganas de llorar de la nada. No es debilidad, es descarga. Es el cuerpo y el espíritu intentando acomodarse a una vibración nueva que todavía no termina de asentarse.

Por eso hoy no te traigo un ritual para pedir, ni para manifestar, ni para correr. Hoy te traigo un ritual para limpiar, sostener y acompañarte. Porque antes de querer más, hay que quitar lo que estorba.

Ritual de limpieza profunda para sobrevivir enero

Vas a necesitar:

Hazlo en silencio o con música suave, sin prisas.
Primero, sirve un poco del agua de luna nueva en un recipiente. No es solo agua: es intención fresca, es inicio sin carga. Pasa tus manos por encima y di en voz baja o mentalmente: “Limpio lo que no me pertenece, suelto lo que ya cumplió su función.”

Enciende la velita Escoba de Bruja. Mientras la flama prende, imagina que barre no solo tu espacio, sino tu cuerpo energético: pensamientos repetitivos, culpas, miedos heredados, cansancio acumulado. No le pongas nombre a todo, deja que la vela haga el trabajo sucio.

Después, moja ligeramente tus manos con el agua de luna nueva y pásalas por tu rostro, cuello o brazos. No es un baño, es un acto de regreso a ti. Respira profundo tres veces. Si salen lágrimas, déjalas salir. Si no, también está bien.

Deja que la vela se consuma por completo o al menos durante un rato largo, sin interrupciones. Este ritual no busca “arreglarlo todo”, busca darte piso, calma y un respiro real.

Comadre, si este enero te ha dolido, no estás fallando. Estás atravesando.
Y atravesar también es magia.

Gracias por quedarte aquí, por escucharme desde este lugar vulnerable. Seguimos juntas, aunque el camino esté revuelto. Y poco a poco, con limpieza y honestidad, la energía empieza a acomodarse.



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