Comadre… hoy vengo a hablarte sin azúcar, sin incienso bonito y sin cuentos cómodos.
Porque los amarres no son un juego, no son una solución rápida y definitivamente no son magia de amor, aunque te los vendan así.
Los amarres nacen desde un lugar muy específico: el miedo a perder, el miedo a estar sola, la obsesión y la necesidad de controlar. Y la magia —aunque muchos no quieran aceptarlo— amplifica la intención desde la que se trabaja. Si empiezas desde el miedo, eso mismo es lo que crece.
Aquí va la verdad que incomoda:
un amarre no crea amor.
Un amarre rompe la voluntad.
Cuando fuerzas a alguien energéticamente, no estás llamando al deseo genuino, estás amarrando su campo energético al tuyo. Eso genera dependencia, confusión mental, desgaste emocional… y con el tiempo, resentimiento. Por eso muchos “amarres efectivos” terminan en relaciones tóxicas, violentas o profundamente infelices.
Y ojo, porque esto es importante:
el daño no es solo para la persona amarrada.
Quien hace un amarre también paga el precio.
He visto casos donde después de un amarre empiezan:
– bloqueos emocionales
– ansiedad inexplicable
– cansancio extremo
– mala suerte constante
– sueños pesados
– relaciones que se repiten con el mismo patrón
No es castigo divino. Es consecuencia energética.
Cuando atas a alguien, te atas tú también.
Además, muchos amarres abren portales que la persona no sabe cerrar. Se meten con entidades, pactos o fuerzas que no comprenden, solo porque alguien prometió “resultados rápidos”. Y cuando el trabajo empieza a salirse de control, nadie se hace responsable.
Por eso quiero que esto quede grabado, comadre:
La magia ética no somete.
La magia consciente no obliga.
La magia real no quita la libertad.
El amor verdadero no necesita cadenas. Necesita caminos abiertos, energía limpia y dos personas que elijan quedarse.
Si estás en un punto donde sientes desesperación por retener a alguien, no necesitas un amarre. Necesitas mirar qué herida se activó, qué vacío estás intentando tapar y qué parte de ti está pidiendo amor desde el dolor.
Y aquí sí te hablo con el corazón y con responsabilidad profesional:
en El Gato Mágico no trabajamos amarres, porque creemos en una magia que sostiene, no que destruye.
Hay trabajos mucho más seguros y poderosos: limpieza emocional, cierre de ciclos, abre caminos de amor, fortalecimiento del amor propio. Magia que no te roba la paz ni te cobra después.
Comadre…
si algo te quita la libertad, no es amor.
Y si algo te rompe por dentro, no es magia.



